La realización de pruebas prenatales rutinarias del virus de inmunodeficiencia humana (VIH) es la recomendación actual del Colegio Estadounidense de Obstetras y Ginecólogos (ACOG, por sus siglas en inglés) y del Instituto de Medicina (IOM, por sus siglas en inglés). En 1998, el Instituto de Medicina esbozó nuevas recomendaciones y en el 2000 ACOG promulgó pautas similares.
En 1994, fueron elaboradas las orientaciones federales para la prueba prenatal del VIH, debido a una nueva terapia que reducía las posibilidades de que las mujeres infectadas con VIH lo transmitieran a sus hijos.
En ese entonces, las orientaciones recomendaban que los proveedores de atención en salud brindaran a todas las mujeres embarazadas consejería detallada antes de la prueba, explicándoles los riesgos del SIDA y los beneficios de someterse a la prueba.
Si bien la prueba prenatal del VIH y el tratamiento parecieron aumentar después de la publicación de las orientaciones de 1994, muchos proveedores de atención en salud sólo estaban sugiriéndole la prueba a aquellas mujeres consideradas con alto riesgo de infección por VIH. Por tanto, muchas mujeres todavía no estaban siendo sometidas a la prueba o al tratamiento, y el número de niños nacidos con VIH era aún inaceptablemente alto, de acuerdo con el informe del IMO de 1998.
La predicción es que al ofrecer de manera rutinaria la prueba del VIH a TODAS las mujeres embarazadas, se identificaría y trataría a más mujeres portadoras del VIH y esto disminuiría el número de niños nacidos con el VIH.
Los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades, ACOG y IOM recomiendan pruebas de detección universales de VIH para mujeres embarazadas. Algunas leyes estatales exigen hacer pruebas a todas las mujeres embarazadas en tanto otros no.
Prevenir la transmisión del VIH de la madre al feto (transmisión vertical), es un meta importante en la atención de las mujeres embarazadas con VIH. Estudios anteriores han demostrado que el tratamiento de la madre con Zidovudina (AZT) durante el embarazo y el parto, así como también del recién nacido, podría reducir el índice de transmisión del 25% al 8%. Estudios más recientes sugieren que el riesgo puede ser reducido a menos del 2%.
Para una mujer cuya infección está bien controlada con medicamentos, el riesgo se aproxima a cero. A aquellas con niveles circulantes altos de VIH se les puede ofrecer una cesárea antes de que empiecen su trabajo de parto, por cuanto esto reduce la probabilidad de infección del bebé. Las mujeres con prueba positiva de VIH no deben amamantar.
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