Signos y exámenes:
Examen físico:
- Heces negras y sanguinolentas en el examen rectal
- Presión arterial baja
- Frecuencia cardíaca rápida
- Signos de enfermedad hepática crónica o cirrosis
Los exámenes para determinar de dónde procede el sangrado y detectar el sangrado activo abarcan:
- Esofagogastroduodenoscopia ( EGD)
- Sonda a través de la nariz hasta el estómago (sonda nasogástrica) para buscar signos de sangrado
Tratamiento:
El objetivo de la terapia es detener la hemorragia aguda lo antes posible y tratar las várices con medicamentos y procedimientos médicos. La hemorragia se debe controlar rápidamente para prevenir un shock y la muerte.
Si se presenta un sangrado profuso, el paciente puede ser conectado a un respirador para proteger las vías respiratorias y evitar la broncoaspiración de sangre.
En la terapia endoscópica, se emplea una pequeña sonda con luz llamada endoscopio. El médico puede inyectar directamente las várices con un medicamento coagulante o puede colocar una banda elástica alrededor de las venas sangrantes. Este procedimiento se utiliza en episodios agudos de sangrado y como terapia preventiva.
El sangrado severo también se puede tratar con una sonda que se inserta a través de la nariz hasta el estómago y se infla con aire para producir presión sobre las venas que sangran (taponamiento con balón).
Una vez que el sangrado agudo se ha detenido, hay disponibilidad de algunos tratamientos:
- Se emplean fármacos betabloqueadores, como propanolol y nadolol, para reducir el riesgo de sangrado.
- Se coloca un catéter a través de una vena a lo largo del hígado donde éste conecta los vasos sanguíneos portales a las venas regulares en el cuerpo, y disminuye la presión en el sistema venoso portal (procedimiento de derivación portosistémica transyugular intrahepática, TIPS, por sus siglas en inglés)
- La octreotida y la vasopresina son medicamentos que se pueden utilizar para disminuir el flujo sanguíneo portal y reducir el sangrado.
En raras ocasiones, se puede emplear la cirugía de emergencia para tratar pacientes si otra terapia falla. Otras dos opciones de tratamiento son la derivación portocava o la extirpación quirúrgica del esófago, pero estos procedimientos ofrecen riesgo.
Los pacientes con várices sangrantes a raíz de enfermedad hepática pueden necesitar un trasplante de hígado.
Expectativas (pronóstico):
El sangrado retorna con frecuencia si no se hace un tratamiento. Las várices esofágicas sangrantes son una complicación grave de la enfermedad hepática y tienen un pronóstico desalentador.
Complicaciones:
- Estenosis esofágica después de la cirugía o terapia endoscópica
- Shock hipovolémico
- Infección (neumonía, infección del torrente sanguíneo, peritonitis)
- Retorno de la hemorragia después del tratamiento
- Encefalopatía que empeora (confusión)
Situaciones que requieren asistencia médica:
La persona debe consultar con el médico si vomita sangre o presenta heces negras y pegajosas.
Prevención:
El sangrado se puede prevenir con el tratamiento de la enfermedad hepática. Asimismo, el tratamiento preventivo de las várices con medicamentos, tales como los betabloqueadores o con ligadura endoscópica con bandas elásticas, puede ayudar a prevenir el sangrado. Se debe considerar la conveniencia de realizar un trasplante de hígado para algunos pacientes.